martes, 17 de diciembre de 2013

20.-La creación de las bañezanas Escuelas de la Villa.



Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas – Valduerna, Valdería, vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras de la provincia de 1808 a 1936), recientemente publicado en Ediciones del Lobo Sapiens por José Cabañas González.
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En el sexenio revolucionario (1868-1874), primer intento –fracasado y efímero- desde la burguesía progresista y las clases medias de establecer en España una democracia moderna, se practicó en materia de educación una política ampliamente liberal y secularizada. La Primera República creó Institutos locales libres de segunda enseñanza en Ponferrada (en 1870), Astorga (1869-1870) y León (en 1872); aquí se abrieron, también y animadas por la Junta de Damas, escuelas dominicales para la educación de la mujer en la segunda mitad de 1869, y escuelas de adultos, además de en la capital, en Bembibre y en otros lugares. 
En 1876 el analfabetismo alcanzaba en España entre el 75 y el 80% de la población, y estaban sin escolarizar el 60% de los niños en edad escolar. Cuatro años más tarde existen en el partido bañezano 123 escuelas, y se habían mejorado las de la villa cabeza de comarca pero no las de sus pueblos (no al menos de manera generalizada) a pesar del gran esfuerzo que entonces se estaba realizando para construir edificios, reparar los existentes, y dotar a los centros de mejores medios materiales. 
Hay en 1884 para sus 124 pueblos 90 escuelas, 24 elementales de niños y 19 de niñas; 4 incompletas de niñas, y 43 mixtas infantiles. Es precaria la situación en la capital provincial para la enseñanza primaria, por lo que mucho más habría de serlo en los restantes municipios, y en La Bañeza aquel año, siendo alcalde constitucional Joaquín Núñez Franco, y con un elocuente discurso de don Manuel, cura párroco de Santa María de la Plaza, se inaugura en un lateral de la Plaza de los Cacharros el magnífico local de las Escuelas de la Villa (“luminosas, ventiladas e higiénicas, y bien dotadas”) levantadas sobre el solar de un antiguo cuartel (se proyectaba erigir también en él un Palacio de Justicia, algo que no se hizo y que en los años 30 del siguiente siglo, allí y en la capital, se consideraría necesario y en vano se trataría de obtener). Recordaba el clérigo en su plática las condiciones de la escuela única (“niños, niñas y párvulos casi lactantes”) que sesenta años antes existía en los bajos de la Casa Consistorial: “tugurio humilde y local raquítico sin luces ni ventilación, cuyo techo se alcanzaba con la mano, suelo de tierra que emanaba efluvios deletéreos, y paredes desnudas de toda clase de menaje para la instrucción”. Aquel mismo año contaba Santa María del Páramo con una escuela elemental de niños y otra de niñas, dotadas con 2.062,50 pesetas, para las que se concedía subvención el siguiente, nombrándose en mayo de 1886, “en virtud de oposición”, para la segunda a la maestra Elvira Mounguiria y Santa Marta, que se ausentó al poco de tomar posesión de la plaza, sin que hubiera vuelto por el pueblo al menos al cabo de tres meses, dejando la escuela en completo abandono, “un escándalo que se mantiene por las influencias superiores de las que goza la maestra”; en abril de 1889 volvía a anunciarse vacante aquella escuela. En 1907 se constituirá en otro rincón de la misma plaza bañezana el Colegio de las Monjas Carmelitas de la Caridad de la Enseñanza, en el que había puesto no poco empeño don Julián de Diego y Alcolea, conocido en su día como “el obispo de los obreros”. 
Tiene la villa escuela de primera y de segunda enseñanza en 1886, según la Guía del Antiguo reino de León, de Emilio Valverde y Álvarez, y cuentan con escuela todos los pueblos del recorrido que en su partido sigue la carretera Madrid-Coruña, así como Veguellina, Santa María de la Isla, y muchos otros. En septiembre de 1889, cuando Felipe Sanjuán ostenta la alcaldía constitucional de Santa Elena de Jamuz, es maestro desde casi cinco años antes Pedro Rubio Cadierno en el pueblo de Jiménez.  
Quintos del 43 ante las Escuelas Villa en 1968.

19.-La lucha contra el paro en la primavera de 1936 en La Bañeza.-



Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas – Valduerna, Valdería, vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras de la provincia de 1808 a 1936), recientemente publicado en Ediciones del Lobo Sapiens por José Cabañas González.
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La crisis de trabajo que desde el crak de 1929 se venía padeciendo en España se acentuaba al inicio de 1936. También en la capital provincial se padecía el paro obrero, que afectaba a los labradores de la región paramesa y a los campesinos riberanos (cuando el desempleo alcanza al 17% de la población activa del país), y que se sufría también en La Bañeza, donde ya a la mitad de marzo el alcalde Joaquín Lombó Pollán apelaba en un bando a remediarlo acrecentando la suscripción abierta en fechas anteriores y a colaborar desde la iniciativa particular, llamamiento al que respondieron con premura los empleados municipales aportando días de sus jornales en proporción a los haberes percibidos.  
Desde la publicación socialista palentina Vida Social ya se había apelado a final de mayo de 1934 a la lucha contra el paro con un argumento que sigue siendo válido casi 80 años después: el de que “no podemos continuar por más tiempo pasando por la vergüenza de que en España estemos trabajando los viejos, mientras los chicos jóvenes tienen que vivir a costa de sus padres, por serles imposible ocupar sus brazos”, una situación que motivaba al principio de mayo de 1936 que la alcaldía bañezana comunique al presidente de la Junta Nacional del Paro Obrero que “existen 250 trabajadores en paro, lo que puede originar alteraciones del orden de no alcanzarse las subvenciones solicitadas”, y que a su mitad se detenga a un vecino de 37 años después de la denuncia hecha ante la Guardia Civil por Francisco Martínez Prieto de que desde tiempo atrás venían faltándole pequeñas cantidades de su domicilio, y de que las pesquisas de la Benemérita llevaran al arresto de quien se confesó “culpable de haber robado 25 pesetas, manifestando hallarse sin trabajo y necesitado de dar de comer a sus hijos”. 
Un  parado en Madrid en 1933.
Para la Gestora municipal bañezana frentepopulista designada el 13 de abril de 1936 también sería prioritario atender a solucionar el problema del paro en la ciudad, agravado por el temporal de lluvias que se continuaba padeciendo. La Bolsa de Trabajo funcionaba en La Bañeza siguiendo un turno riguroso para el llamamiento al empleo, y se acuerda el día 20 que, para un mejor reparto, se avise al trabajo tan solo a una persona de cada casa o familia, y clasificar a todos los obreros, para lo cual deben estos de nombrar una comisión, y ofrece el regidor recurrir a las fuerzas vivas para tratar de que haya dinero y ocupación colocando al mayor número de trabajadores, y así el alcalde Joaquín Lombó emite el 23 de abril un nuevo bando en el que señala que “la comisión representativa de obreros y fuerzas vivas de la ciudad ha llegado a una solución para remediar el paro obrero, que exige de todos los vecinos un pequeño sacrificio, que debe ser proporcional a las circunstancias personales y económicas de cada uno, esperando la alcaldía que todos contribuyan a dicho fin: unos ocupando al obrero u obreros que se les hayan asignado o contribuyendo con la cuota fijada; otros emprendiendo trabajos y obras; muchos siguiendo el alto ejemplo de ciudadanía que han dado los empleados municipales, y todos contribuyendo a la suscripción pública que continúa abierta a dicho objeto para con ella sufragar los jornales y materiales necesarios para las obras públicas útiles que ya se han comenzado”. 
Una iniciativa, la emprendida en La Bañeza entonces, que no debió de ser exclusiva de aquí, pues en Villarejo de Órbigo en mayo los obreros parados comenzaban a trabajar “gracias al dinero que el alcalde había obligado a aflojar a los pudientes de la localidad”, y también en Grajal de Campos en aquellos meses en que la villa estaba “sitiada por el hambre” los labradores se vieron constreñidos por el poder municipal a buscar soluciones, a veces impuestas, para resolver el paro obrero, y para ponerla en marcha se editó un impreso en el que la alcaldía bañezana daba forma a los acuerdos de aquella interclasista comisión comunicando que 
… aparte de los obreros que pueda usted tener actualmente ocupados debe hacerse cargo de ___ , eligiéndoles de los que se hallan inscritos en la Bolsa de Trabajo, para ocuparle ___  en la labor que crea conveniente, y a no serle posible, entregando en esta alcaldía la suma de cuatro pesetas por día y obrero; entendiéndose que esta obligación se contrae por el plazo mínimo de ocho días, sin perjuicio de continuar otro plazo, si las circunstancias lo aconsejasen, desde el día de hoy.
Espero de su atención, habida cuenta de las consideraciones que a usted no se le ocultarán, la conveniencia de que cumpla con este deber ciudadano, aparte de intensificar en lo posible los trabajos que usted pueda emprender, pues digno de tener en cuenta es que la prosperidad y la tranquilidad de los ciudadanos dependen de que todos puedan subsistir. 
Muy agradecido en nombre propio y de los elementos que constituyen esta Comisión, quedo suyo S. S.
El Alcalde: Joaquín Lombó Pollán.
Recibí el duplicado. 

Sr. D. _______________________


18.-Cosos taurinos bañezanos.-


RETAZOS DE NUESTRO PASADO.- 

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas – Valduerna, Valdería, vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras de la provincia de 1808 a 1936), recientemente publicado en Ediciones del Lobo Sapiens por José Cabañas González.
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Hubo en la Plaza Mayor de La Bañeza, centro del comercio local y corazón del mercado semanal, además de farolas, templetes, embaldosaos, bailes, verbenas, procesiones, conciertos, desfiles y paseos, desde 1915 barracas de venta de pan (instalada la primera por Odón Alonso), frutas, pescado y carnes; de relojería, kiosco de prensa, mar
ca de equidistancia entre Madrid y La Coruña (punto kilométrico 303); y un pozo artesiano, primero con extracción por torre de viento y por bomba de manubrio más tarde, en el lugar en el que mucho antes existió otro cuyo brocal se desmontaba para, hasta 1880, hacer de ella, acondicionada con carros y tableros, coso taurino el día de Santiago, el mismo que, portátil, se montaba en la explanada de la Estación, en “los Barreros”, a la altura de 1913 y que perduró hasta 1916. Ya se había celebrado con toros en La Bañeza en abril de 1614 la beatificación de la carmelita Teresa de Jesús, promovidos por los monjes del convento del Carmen.
Tendido de una plaza de toros instalada en La Bañeza. Años 20.
Llegó a alzarse en junio de 1904 una plaza de toros en el Monte, en la finca “Villa Adela” de los Seoanez, de corta vida dada su lejanía de la ciudad, y en ella se lidiaron tres novillos por otras tantas cuadrillas de aficionados bañezanos. Desde el periódico La Opinión, tal vez acuciados por el ejemplo de la vecina villa de Valencia de Don Juan, que disponía desde aquel año de un magnífico coso (construido por el particular Pedro Martínez Zárate, en 1999 fue donado por sus hijas al ayuntamiento coyantino), y movidos quizá por emularla, se pretendió en 1924 la construcción de una plaza de toros estable, de piedra, cuyo coste de 50.000 pesetas se sufragaría por suscripción económica de los interesados en el proyecto, pero la iniciativa no llegó a cuajar, a pesar del ánimo de la comisión gestora designada (Herminio Fernández de la Poza y cuatro más formaron parte de la misma) y del entusiasmo presente en la asamblea del vecindario convocada en el Teatro Seoanez para tratar de tal asunto, como tampoco había prosperado en 1916 (a pesar de que las obras llegaron a mostrarse avanzadas a final de julio, sin que se remataran, después de que a la mitad del mismo mes la previsión fuera en La Crónica de “colocar en las próximas fiestas patronales –en las que habrá concurso de aviación- la primera piedra de la futura plaza de toros de cuya construcción se va a encargar -proyectando una vez más para La Bañeza- el arquitecto Lázaro de Diego”) o en marzo de 1914, reclamada entonces al ayuntamiento desde El Jaleo, que insistía unos meses más tarde en reseñar el esfuerzo de Santa María del Páramo para tener corridas de toros en sus festejos de junio (se celebraría el día de San Pedro una becerrada a beneficio del Hospital de León), en celebrar el éxito de los festejos de la Patrona del año 1913, “después de cinco años de indolencia”, y en llamar a reincidir en dicho logro (con toros incluidos), “para no ser los bañezanos, con mejores medios de comunicación, menos que los esforzados parameses”, ni prosperaría en 1951, a pesar de haberse llegado a colocar la primera piedra en los terrenos cedidos al efecto en “la Canterona” de la Cuesta de Santa Marina. En la misma publicación -La Crónica del 27 de agosto de 1916- en que se informa de las pretensiones taurinas se da cuenta de los triunfos del torero paramés Honorio de Paz López, apodado “Santa María” (Chiquito era su alias en enero de 1915). 
Se instalaron también cosos taurinos en las dos Vegas, de Arriba y de Abajo, uno de ellos en 1928 y 1929 en el lugar que después sería parque Juan de Ferreras, propiedad de Manuel Alonso García-Aparicio (que contrató para las fiestas de agosto del primero de los años a “dos ases entre los novilleros, ‘Chatet de Valencia’ y ‘Vaquerín’, además de a unos aplaudidos toreros cómicos”), el mejor de todos los que se montaron hasta entonces y que más tarde, asentado en la capital, alcanzaría merecida fama, además del emplazado en los festejos de agosto en 1940 en un solar de la calle de El Salvador, en el que se celebraron dos becerradas.   


17.-De embalses y pantanos. Lágrimas por Riaño ya en julio de 1933.



Del libro “LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA” (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas – Valduerna, Valdería, vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga- de 1808 a 1936), recientemente publicado en Ediciones del Lobo Sapiens por José Cabañas González.
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Una de las últimas publicaciones del semanario bañezano La O
pinión en su primera época, la del 1 de julio de 1928 (“con censura eclesiástica y civil” impuesta por el régimen), informa de la expedición realizada por algunos lugares de la Valduerna, aguas arriba de los ríos Duerna y Llamas en busca de posibles asentamientos de pantanos en sus cauces, algo por lo que habían clamado sus redactores (la dictadura primorriverista impulsaba las obras públicas y los proyectos hidráulicos) y posibilidad que se vislumbra factible y que se augura traerá tiempos de prosperidad y utilidades sin cuento para los valdorneses. En la exploración acompañaron a los técnicos e ingenieros de la Confederación Hidrográfica del Duero (creada un año antes) el director del semanario y directivos de la Federación Católico-Agraria de Astorga. Del embalse del Duerna, reclamado desde 1902, aún se hablaba en los años 70 en nuestros pueblos de la vega del Jamuz, con la sempiterna esperanza de que viniera por fin a redimir su mísera agricultura de secano.
En el pleno municipal del 26 de diciembre de 1931 se suma la corporación bañezana al apoyo solicitado por la de Astorga a la construcción del pantano de Villameca, sobre el río Tuerto, de tanta importancia en la región, para regar las tierras yermas de la Cepeda Baja, y tan benéfico para el municipio maragato. Se paralizaba al iniciarse julio de 1932 la subasta de sus obras, (se construiría unos años después en Quintana del Castillo, siendo ocasión de empleo para obreros de El Bierzo, La Cepeda, e incluso de Zamora y Valladolid), retomada para algunas de ellas al principio de marzo de 1934, según el anuncio que aparecía en la Gaceta, un paliativo que en algo mermará el paro en la comarca y la provincia (y aún más allá, pues de otras cercanas se emplearán obreros cuando aquella construcción -que ya estaba en marcha a la mitad de mayo- tome su ritmo).
Al pantano de los Barrios de Luna ya se aludía en La Opinión y en El Diario de León a final de junio de 1932 como “el proyectado embalse que saciará la sed de los campos parameses”, y que no terminaba de iniciarse “a pesar de estar desde hacía un mes en marcha su expediente”.  
En la Ribera del Órbigo la sequía causaba ya mucho daño al iniciarse el verano de 1933, y en Santa María del Páramo se prevé que los cereales de secano “darán poco más que a doblar”, por lo que los sufridos labradores se hallan apenados por no ver compensados sus constantes y penosos esfuerzos y por los grandes impuestos que gravan sus propiedades, mientras los embalses de Tarabico, en Villameca, cuyo proyecto fue aprobado al inicio de 1930 (a la mitad de 1929, según otras fuentes), presupuestado en 700.000 pesetas, y el de Barrios de Luna, que cuenta también con presupuesto, “siguen enredados y no salen a subasta”, situación que a final de agosto se pretendía resolver desde la villa paramesa, cuyo alcalde invitaba al regidor bañezano y a otros a reunirse allí “para tratar sobre los anhelados pantanos del Órbigo que tanto tardan en materializarse y que habrán de calmar la sed del Páramo”. 
Pero no a todos satisfacían los pantanos: Se publicaba el 14 de julio en El Diario de León  el escrito de un vecino de Riaño (“El último riañés”, firma) oponiéndose a la pretendida construcción del pantano de Bachende (éste, sucesor del embalse de Remolina de 1902, y el Canal del Bierzo serían proyectos de la política hidráulica de la dictadura primorriverista que no se harían entonces realidad; del segundo dirá La Democracia el 13 de marzo de 1936 que “se ordenó confeccionar cuando Indalecio Prieto fue ministro de Obras Públicas”), afirmando que “los habitantes de Riaño no estamos dispuestos a dejar nuestras casas y nuestro pueblo para que inunden las venerandas cenizas de nuestros mayores”. Protestan virilmente los habitantes de este pueblo contra el atropello que se pretende cometer (dice), y expone que “el afán de hacer desaparecer un pueblo como este, capital de la montaña, solo se explica en cerebros tan huecos como el del alcalde de Mansilla y otros pantaneros, a los que si tanta falta les hace el agua, que la reúnan en otros lugares, sin que para ello sea preciso hacer desaparecer las poblaciones. Ahóguennos en el pantano para no tener que construir un nuevo Riaño, pero no hagan creer que estamos dispuestos a dejar voluntariamente nuestra cuna, el sepulcro de nuestros padres y el lugar de nuestros más caros afectos. Vale más morir ahogados en el embalse que en la deshonra, y bastante deshonrado estaría el que no tuviera lágrimas que unir a las aguas del pantano el día que viera desaparecer el pueblo de sus amores…”. Razones y sentimientos que volverían a albergar muchos habitantes de aquellos valles tantos años después al consumarse lo que por entonces se evitaba.   
Oposición al embalse de Riaño en los años 80.

16.- De farolas y templetes.


Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas – Valduerna, Valdería, vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras de la provincia de 1808 a 1936), recientemente publicado en Ediciones del Lobo Sapiens por José Cabañas González.
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En enero de 1891 en la que aún es villa bañezana Vicente González Ugidos y Eumenio Alonso González son políticos locales liberales; José Fernández Núñez y José Latas Valcarce, reformistas, y Menas Alonso Franco republicano fusionista y diputado provincial electo por La Bañeza y Astorga (triunfaron los conservadores en los comicios habidos a finales del año anterior). Pueblos de este partido judicial han correspondido en elecciones al distrito de Coyanza, debido a anomalías caciquiles. Leopoldo Afaba es entonces candidato a la Diputación, e independiente a Cortes, según el vespertino leonés El Alcázar (“diario liberal, político y de intereses generales de la provincia; el de más circulación”) en su edición del día 1. 
En noviembre del mismo año se había instalado en el centro de la Plaza Mayor la farola de hierro braceada (colocada sobre una piedra funeral / que representa en La Bañeza / la descomunal cabeza / de un ilustre concejal, al decir de la que quedó como festiva coplilla en verso de la época después de aparecer sorpresivamente junto a ella el día de su solemne inauguración), sustituida en abril de 1892 por otra con árbol de cinco luces. Antes ya se había colocado al menos por dos veces en un anterior pedestal de piedra traída de Sobradelo de Valdeorras (en Orense), derribada una de ellas por un carro y alzada de nuevo por Pedro Alonso Callejo (padre de quien sería Fray Diego Alonso), constructor entonces de varias obras municipales, entre ellas y en el mismo año de 1891 la Capilla del Cementerio. A mediados de septiembre de 1905 se subastaban las obras para añadir un zócalo y una verja rodeando la farola.
La farola y parte del templete en los años iniciales del pasado siglo.
Al tiempo que se repuso la farola al poco relevada se enlosó el embaldosao en el rincón mejor orientado de aquel ágora local, escenario de manifestaciones y arengas, del paseo dominical y festivo, de reuniones, de juegos de chiquillos, de paradas, procesiones y desfiles, de citas, de bailes y de representaciones de cómicos y titiriteros…, posiblemente como lugar privilegiado destinado a la buena sociedad de los pudientes bañezanos, en unos tiempos de tan notoria separación de clases en los que era habitual que incluso “en las fiestas populares los bailes y verbenas se separaran en dos, una para los ricos y otra para los pobres”, y en 1909 se colocó, por iniciativa de dos grandes melómanos como eran el alcalde Robustiano Pollán Rodríguez y el secretario del Ayuntamiento Gaspar Julio Pérez Alonso, y un poco hacia el oriente, el gracioso, modernista y musical templete de hierro, fabricado por la Casa Corcho y Compañía, de Santander, por un coste total, una vez instalado, de 2.500 pesetas, inaugurado con toda solemnidad el 25 de octubre de aquel año, y que vino a retirar el de madera que desde 1896 se armaba y desarmaba con ocasión de las fiestas de la Patrona, y en el que la Banda Municipal deleitaba con su música los jueves, domingos y festivos a las gentes de la villa (templete y farola –esta trasladada a la plaza del Salvador- desaparecerían en la remodelación de la Plaza Mayor realizada en 1967, después de que la parte baja del primero se adaptara para instalar en ella un kiosco de bebidas y refrescos que se abría durante la temporada de conciertos). El que se convirtió desde entonces en el tradicional, popular y típico baile bañezano, fue prohibido por la alcaldía en mayo de 1937 “mientras duren las circunstancias por las que atraviesa la nación”, así que seguramente el último baile que hasta entonces allí hubo sería el que se organizó en la tarde-noche del 19 de julio de 1936 con ocasión de la llegada a la ciudad de los mineros asturianos que en defensa de la República se dirigían a Madrid.
De aquel acontecimiento y de muchos otros sería el templete testigo mudo, como también lo fue de la instalación en la Plaza y a su vera años más tarde de tres surtidores de gasolina, cuyos respectivos propietarios eran Modesto Ruiz García, Elías Tagarro del Egido y Liberto Díez Pardo, desaparecidos después de la explosión de uno de ellos en septiembre de 1927, en lo más concurrido del paseo dominguero, por la imprudencia de unos chiquillos que salieron de la trastada chamuscados (en julio de 1930 aún se reclamaba al Monopolio de Petróleos la retirada del último de ellos, y en septiembre de 1931 el organismo pretendía recuperar su depósito para la ubicación de un nuevo surtidor).  

viernes, 13 de diciembre de 2013

15.-Nudismo en La Bañeza en el verano de 1935.-


Publicaba El Adelanto el 6 de julio de 1935 un suelto (que titula “Por decencia y moralidad”) en el que se hace eco de protestas contra la falta de moral ya proclamadas antes desde El Diario de León, manteniendo que “en medio de la libertad, o mejor dicho de la corrupción de costumbres que sale a la superficie de la vida, ha levantado ya una reprensión unánime el desnudismo que se usa en las playas, propio de una sociedad más que paganizada, y sorprendente y chocantemente se practica en La Bañeza (hasta la fecha solamente por el sexo masculino, aunque no por ello deja de ser reprobable) sin reproche de las muchas personas decentes y cultas que han debido de observarlo”, y se llama la atención de las autoridades para que conserven el buen nombre de la ciudad que se precia de ilustrada, decente y moral y eviten tal escándalo público que se viene dando en el puente de Requejo, a escasos metros de la carretera por la que transitan toda clase de personas, cuando, sobre todo en los atardeceres, jóvenes de quince, veinte o más años, “sin más traje que el recibido por la naturaleza, algunos, y otros con un escaso taparrabos, salen del agua y pasean por las orillas del río, y hasta algunos se permiten formar tertulia con otras personas en la carretera”.
Aquel mismo día, “ante las denuncias que le eran elevadas por la práctica abusiva e inmoral y ofensiva de las buenas costumbres de baños en lugares públicos”, dictaba el gobernador civil una circular que prohibía en toda la provincia leonesa “bañarse sin vestir una prenda adecuada y permanecer fuera del agua sin llevar albornoz, excepto en los solarios preparados a tal fin con separación de sexos y aislados del resto del público de las piscinas, márgenes de ríos o playas”, prohibición en mucho similar a las que sobre la misma materia y desde el mismo ámbito se darían algún tiempo después en la provincia, instalado ya el franquismo sublevado e impuestas su rancia disciplina de cuartel y su moral de convento, desterrando desde el gobierno civil y con el beneplácito del obispado escotes, maquillajes, tintes del cabello, el fumar, vestidos provocativos, escotes, transparencias y calados, piernas descubiertas o sin medias y brazos al aire en la mujer y las niñas mayores de doce años; en las parejas las posturas poco honestas, los bailes modernos, abominables y desvergonzados (incluso los “de caridad”), y el ir por lugares de poco tránsito y escasa luz; en todos las prendas de baño indecorosas, usarlas fuera del agua y vestirlas fuera de caseta cerrada, y los baños de sol sin albornoz; y los muslos desnudos en los niños, todo ello en unos tiempos que serán “de obedecer ciegamente y respetar lo mandado”.  
Finalizando el mes de agosto de 1935, en pleno refuerzo ideológico de la derecha después de su triunfo sobre los revoltosos de octubre de 1934 y su mayoritaria victoria electoral de noviembre de 1933, y formando parte del mismo, “próxima la época de producir los modelos que en otoño suelen entregarse al comercio”, la Comisión Mor Playa rogaba “a los fabricantes y comerciantes de trajes de baño se enteren de las condiciones que deben reunir los tipos que esta proyectará con su propaganda y por su organización nacional, y a cuáles hará la más viva oposición por reputarlos inmorales”.
 Al cabo de un año, la intromisión de la Iglesia en el control de la moral la llevaría a crear una “línea de bañadores para que la mujer española no enseñe carne en la playa”, y en julio de 1937 en ciudades como Orense se considerará incorrecto y detestable (a pesar de los calores propios de la estación) despojarse de chaquetas y exhibirse en mangas de camisa en los paseos, calles céntricas y terrazas de los cafés “sin tener en cuenta la presencia de damas y señoritas en lugares tan concurridos, costumbres perniciosas y provocaciones que habían tomado carta de naturaleza durante los últimos años de indigna democracia”, y extralimitaciones que, según el bando del alcalde, se evitarán de manera terminante y se sancionarán con el máximo rigor, como seguían pretendiendo hacer las órdenes que sobre moralidad y buenas costumbres “prohibiendo a los mayores de 14 años el uso del traje de baño y de pantalón corto por las calles de cualquier ciudad o pueblo, por carreteras y restaurantes…”, se dictaban desde Madrid a finales de junio de 1962.

viernes, 29 de noviembre de 2013

13. y 14-Chocolateros y fotógrafos (la saga bañezana de los Prieto).-


Se dieron a lo largo de las pasadas centurias, además de la ancestral alfarería practicada en Jiménez de Jamuz (también se asentaron alfareros en Castrocalbón y en La Bañeza, en su barrio de Olleros, en diferentes tiempos) otras variadas artesanías en la comarca bañezana y en sus tierras aledañas, ocupando a sus hombres y mujeres y concurriendo a sus mercados, además de las tradicionales de cuyos productos se surtía la vida diaria o estacional de sus gentes: la de los zuecos o galochas, la del mimbre de las cestas y talegas, la del cuero de la guarnicionería y los talabarteros (presente también en Santa María del Páramo ya desde el siglo XIX en tenerías como la de Froilán Prieto González y otras), los herreros y herradores componedores en sus fraguas de las herramientas de labranza, la tan necesaria como laboriosa fabricación de carros (aún conocimos en nuestra infancia y nuestro pueblo jiminiego el industrioso “taller de los Marianos”), los hacedores de adobes y tapiales…, y algunas de ellas, como las de manufactura del chocolate o la confección de mantas y cobertores (apreciados fueron por antonomasia los del Val de San Lorenzo, cuya artesanía textil goza de raigambre), se expandieron hasta alcanzar extensión y categoría de auténticas y afamadas industrias.
Chocolateros acreditados hubo en La Bañeza (ya en la Exposición Universal de Barcelona de 1888 recibían sendos premios por su exquisita elaboración las mantecadas y chocolates de Hermógenes Blanco, cuya tradición de esmerado buen hacer pastelero seguirían su hijo y su nieto Conrado); también en Castrocontrigo desde 1916, y en San Justo y San Román de la Vega (el acomodado Juan Geijo en el segundo, un aventurero que había hecho las Américas y tornado a su tierra natal para casarse y montar la fábrica de chocolates La Montañesa -cuyo edificio todavía se conserva- y que compartía su amor por la fotografía con su afición a los coches, siendo el primer vecino que compra en aquel pueblo un automóvil), seguramente algunos procedentes de Astorga, donde “en 1914 se censan en la ciudad 49 fábricas dedicadas a la preparación del chocolate, alguna de ellas de las más importantes de España, una saturación que hace emigrar a otros lugares a muchos chocolateros astorganos, incluso a naciones americanas, expandiendo el nombre de la ciudad y de la maragatería”, cuyos arrieros propagaron el complementario trabajo familiar de las faenas del campo y el comercio y popularidad del elaborado del cacao en la que era ruta habitual de sus desplazamientos comerciales y acarreos (una empresa de diligencias de transporte de viajeros que recorrían el noroeste de España en el siglo XIX era ya de titularidad maragata y tenía su sede en Santiagomillas), ofreciendo sus productos en los establecimientos comerciales y realizando, para los pudientes, confecciones a domicilio y al gusto de quienes reclamaban sus servicios (como hacía la viuda de Hermógenes Blanco en los anuncios que en julio de 1916 aparecían en La Crónica, semanario bañezano). Una industria artesanal que no requería, al parecer, mucho aparataje, pues cuando don Trinidad Afaba traspasa al inicio de junio de 1934 su fábrica de chocolates “La flor de La Bañeza” la componían una máquina para elaborarlo movida a brazo, otra para mondar y limpiar el cacao, un tostador y varios moldes.

Arte muchas veces familiar fue también el de la fotografía, destacando la rama de los Prieto Ferrero en la que todavía era villa bañezana cuando mediado el siglo XIX supo de su descubrimiento en Francia en 1816 por el físico Niépce y por el pintor Mandé Daguerre en 1831, lo que motivaría que Benito, uno de sus miembros, viaje a aquel país aprendiendo allí el oficio que unos años después, al regreso a su lugar natal, enseñará a su hermano Leonardo para montar entre ambos el estudio fotográfico que inauguran en 1879 y que crea en La Bañeza un negocio fotográfico familiar y una afición que Leonardo transmite a sus siete hijos, todos conocedores del oficio y tres de ellos profesionales de la fotografía (Leonardo Prieto Fernández, que continuaría con el estudio bañezano, y Julio y Gaspar en Ponferrada), dando lugar a cuatro generaciones ininterrumpidas de fotógrafos que llegan a la época actual asentados además en Astorga y Benavente. Benito (fallecido en 1944, a los 72 años, “y enterrado en una sepultura procedente de Robledo de la Valduerna”), por su parte, montó posteriormente –hacia 1880- su propio gabinete fotográfico en Ribadeo (Lugo, con sucursales en Navia y Luarca) del que derivará una progenie de artistas en la que destaca su hijo Benito Prieto Coussent (nacido en 1907; llegaría a estar preso en Tui en 1936 acusado de simpatizar con las izquierdas y de ayudar a obreros y anarquistas de la villa, en cuyo Instituto era profesor de dibujo), pintor de celebridad internacional que aprendió de él los secretos de la luz y la composición, alumno de Julio Romero de Torres y compañero de Salvador Dalí en la madrileña Academia de San Fernando. Aquel oficio tenía entonces mucho de ambulante, desplazándose los fotógrafos con sus equipos por lugares más o menos alejados de sus domicilios, y así encontramos el retrato de un grupo familiar realizado en 1907 por Leonardo Prieto Ferrero en Villalba de la Loma, pueblo cercano a Mayorga de Campos, ya en la provincia de Valladolid

jueves, 14 de noviembre de 2013

Un libro muy interesante para la Historia de España


José Cruz Cabo
José Carlos Guerra, ha vuelto a dar en la diana con su segundo libro, editado también por la Editorial bañezana, Monte Riego, y titulado “Fue en Octubre”.
El libro es un relato muy real de los acontecimientos que tuvieron lugar en el mes de octubre del año 1934 en Asturias, la que fue llamada “Revolución de Octubre en Asturias”, dado que las órdenes de Largo Caballero, jefe de los socialistas de entonces, no tuvieron eco más que en Asturias, donde los mineros y los socialistas, fueron capaces de hacerse con el poder y dominar toda Asturias hasta que el gobierno de la República mandó a los militares de Marruecos, a las órdenes del General Yagüe y las cosas volvieron a su cauce, no sin antes haber realizado enormes destrozos en  muchas de las ciduades asturianas y sobre todo en Oviedo. La historia que nos cuenta José Carlos Guerra en su libro “Fue en octubre”, es un relato real de aquellos tristes acontecimientos, donde fueron asesinados muchas personas que no comulgaban con los sublebados, y muchas otras que murieron en las batallas finales para sofocarla.
Pero José Carlos, en su magnífica novela, hace gala de una gran preparación literaria y sobre todo de una documentación impecable, centrándose en los avatares de varios seminaristas y el rector del seminario de Oviedo, con datos auténticos. Durante las 207 páginas de la novela, se van cruzando los relatos y los avatares de dicha barbarie, de una manera elegante, directa y muy bien escrita, por lo que la historia se va leyendo con gran interés, y sirve para conocer una de las sublebaciones más terribles de la segunda república Española. “Fue en Octubre”, es un relato lleno de religiosidad, de confianza en los designios de Dios, explicando una parte de la historia de España, pero sin hacerla pesada, aunque sí se cuentan los crímenes cometidos. Se dedica a explicar una parte de la historia, realizándolo con mesura, con interés, con amenidad y una magnífica forma de expresión, que hace que esta novela realista se lean con deleite y con gran interés los episodios que narra en la misma. Creo que es una obra que se debe leer, dada su amenidad, ya que es parte de la Historia de España. 

martes, 29 de octubre de 2013

Los Plenos municipales


José Cruz Cabo
Como ya he comentado. cuando yo comencé a asistir a los plenos, como corresponsal de “Diario de León” y “Radio Popular de Astorga”, no asistía nadie más que yo a los mismos, y entonces era el alcalde, Benigno Isla García, que fue el que inauguró el Seminario, aunque los esfuerzos los había realizado para su construcción, Inocencio Santos Vidales. A Benigno le hice una entrevista, la primera de las muchas que realicé después. Al poco tiempo entró de alcalde, Fidel Sarmiento Fidalgo, que fue el que tuvo los problemas con el plano de urbanización y la oposición para construir, la Plaza de Abastos, así como inició los colegios.
El siguiente alcalde, fue su hermano Leandro Sarmiento Fidalgo, también de gratísima memoria para nuestra ciudad, yo seguía estando solo en los plenos, hasta que en los años setenta y cinco ya me acompañaba, como corresponsal de “Proa” la hija de mi entrañable compañero Delfín Pérez Linacero, Lourdes Pérez Sánchez y al mismo tiempo Delfín, que había dejado la concejalía, y era el fotógrafo del mismo diario que su hija, y también a mí, me facilitaba fotos para “El Adelanto Bañezano”, del que ya era yo el subdirector. 
Pero lo que yo quiero contar aquí, es el pleno en que Leandro Sarmiento Fidalgo, que hizo la Piscina al aire libre, inauguró los colegios de San José de Calasanz, el Instituto de Segunda Enseñanza, hoy instituto Ornia, el centro de Formación Profesional, hoy Vía de la Plata, y estuvo a punto de conseguir un Hospital de la Seguridad Social. Precisamente en este pleno que comento, del año setenta y tres,  se leyó una carta del Ministro de Sanidad, Fernando Suárez, concediéndole a nuestra ciudad un Hospital, para el que Leandro se había puesto al habla con Julio Valderas Arconada, quien había cedido cincuenta mil metros cuadrados de terreno para su edificación. Al finalizar el pleno, le dije, ya que era yo el único fuera de la corporación que estaba en dicho pleno. “Mira Leandro esta noticia no la publico hasta que el Ministerio no lo saque a concurso”. “No hombre al Ministro no se le puede hacer eso, hay que publicarla”. En contra de mi voluntad, la publiqué primero en el “Diario de León” y después en nuestro Semanario y en Radio Popular de Astorga. El Ministerio se llenó de ilustres astorganos pidiendo otro hospital.
Pero el problema, como yo me temía, es que en aquella época los ministros duraban poco, y antes de pasar el año, Fernado Suárez fue destituido y el Hospital se marchó con su cese. Porque ya nunca más se supo del mismo. Pero quiero dejar constancia de que Leandro se movió mucho y bien, pero  no pudo conseguirlo. Otra cosa que a pesar de los viajes a Madrid, que hizo Leandro Sarmiento, esta vez acompañado por Mario Núñez, que entonces era concejal, fue al Ministerio de Turismo, pidiendo que no se cerrara el Albergue de Turismo, que entonces era escuela de hostelería pero las personas solo podían pasar una noche en él, ya que estaba así establecido, y Leandro y Mario fueron con el propósito de cambiar eso,  y de hacer valer que era un edificio histórico, ya que Franco paraba en él, pero en el Ministerio, lo tenían entre ojo porque daba déficit, pero en esas condiciones era normal que lo diera, ya que la Escuela de Hostelería salía cara, dado que los alumnos y alumnas, tenían que comer; además los viajeros no lo usaban porque solo podían pernoctar una noche, y eso que el municipio y algún particular, daba cenas importantes en dicho establecimiento. Pero en Madrid los recibió el Director General, un déspota que había sido alcalde de Benidord, y no se paró en examinarlas, les dijo que lo cerraba, ya que daba pérdidas, y aunque Leandro y Mario, intentaron convencerlo de que era lógico que las diera, pero que se podía buscar una fórmula que no diera déficit, buscando la manera de que la gente pudiera pernoctar en él los días que quisiera, este personaje, uno de los muchos políticos que no sabía de política ni de economía, hoy todavía tenemos bastantes sujetos de estos, dijo que lo cerraba, y no hizo caso de las propuestas que le llevaban para que fuera eficaz, y pasado un tiempo, lo cerró. Una pena, porque fueron muchos, los jóvenes de entonces, que salieron como cocineros de grandes hoteles, como Paco Rubio y otros muchos más, pero la política en aquella época era así, y el que mandaba hacía lo que le daba la gana, sin realizar estudios para ver la forma de mejorar las cosas.

viernes, 25 de octubre de 2013

(12) IMPERIALES BAÑEZANOS PARA DON NICETO



Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas – Valduerna, Valdería, vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras de la provincia de 1808 a 1936), recientemente publicado en Ediciones del Lobo Sapiens por José Cabañas González.
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Se celebraban en los últimos días de septiembre de 1934 (del 22 al 2 de octubre) unas importantes Maniobras Militares en los Montes de León, en las que participaban más de 20.000 hombres de las Divisiones Séptima y Octava (aquellas maniobras serían la antesala de lo que fue después el campo de tiro militar de El Teleno). El ministro de la Guerra presenciaría la última parte de las mismas, del 28 al 30, y para visitarlas también saldrá el día 28 de Madrid el Presidente de la República. El primero llegaba a León el 27 por la noche, con la previsión (cumplida) de asistir a las maniobras y volver a pernoctar en el Hotel Oliden. La del viaje del segundo era llegar a León el 28 (acompañado del jefe del gobierno, Ricardo Samper), deteniéndose apenas en la ciudad, almorzando seguramente en el campo (se informaba el día antes), para regresar de Astorga al anochecer, haciendo la cena y el almuerzo de nuevo en el Oliden en la intimidad con los altos jefes y las personas del séquito presidencial.
Don Niceto cuando era Jefe del Gobierno Provisional de la Segunda República --->
Los planes del alto mandatario cambiaron a última hora, y don Niceto Alcalá-Zamora iría solo y directamente a Astorga (haciendo una corta parada en La Bañeza), donde los jefes y oficiales le ofrecerán una recepción y banquete en el Casino, sin pasar por León hasta el 28 por la noche, ya de regreso, hospedándose también en el Hotel Oliden y saliendo para Salamanca el sábado 29 por la mañana para asistir allí al homenaje tributado a don Miguel de Unamuno.
El viernes día 28, sobre las 13 horas, pasaba en automóvil acompañado por otras personas de su comitiva el Presidente de la República, Alcalá-Zamora. Una nutrida representación del ayuntamiento bañezano y autoridades se destacó (en dos coches de punto –tres, según otra fuente-) al límite de la provincia en la carretera Madrid-Coruña, cerca de Pobladura del Valle, donde con otras comisiones oficiales provinciales cumplimentó al Primer Magistrado de la Nación. El alcalde accidental de La Bañeza, Ángel González González (el titular, Juan espeso González, disfrutaba desde mediados del mes de un permiso), obtuvo del Presidente el favor de que se detendría en la ciudad, lo que cumplió, apeándose en la Plaza Mayor, donde numeroso público lo recibió con efusión y respeto (y con la Banda de Música y aplausos), parando unos breves momentos y continuando después viaje a Astorga acompañado de las delegaciones oficiales referidas para asistir al colofón de las Maniobras Militares de los Montes de León que se venían desarrollando desde días antes. “Algún joven bañezano distinguido lo saludó a su paso con el brazo en alto y el puño cerrado”, diría El Adelanto. Corta fue la parada de don Niceto en La Bañeza, pero aún así hubo ocasión y tiempo de que dos jóvenes, Conrado Blanco González (hijo de Conrado Blanco León) y Julio Fernández Casado (vástago de Herminio Fernández de la Poza), le obsequiaran, a él y a sus acompañantes, con unas cajas de los afamados productos de confitería bañezanos. 

(11) LIBERALES LEONESES MAL PAGADOS.


Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas – Valduerna, Valdería, vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras de la provincia de 1808 a 1936), recientemente publicado en Ediciones del Lobo Sapiens por José Cabañas González.
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La introducción y la extensión de las ideas republicanas en España estuvo estrechamente vinculada al desarrollo del liberalismo heredero de la Ilustración y de la Enciclopedia, con la progresiva aceptación de sus principios de soberanía de la nación, participación de los ciudadanos en el gobierno, derechos y libertades individuales, y otros, por las clases burguesas de finales del siglo XVIII y principios del XIX, y con la pretensión de los más radicales de aquéllas, como lógica consecuencia de la propugnada supeditación política a la voluntad popular, de elegir la jefatura del Estado y su consecuente postulación de la república frente a la monarquía hereditaria. 
Promulgación de la Constitución de 1812 por las Cortes de Cádiz.

El mismo liberalismo, en lucha contra un antiguo sistema de absolutismo retrogrado que se resistía a morir, del que en 1928 un significado liberal bañezano, de estirpe de librepensadores y republicanos, Menas Alonso Llamas, decía lo siguiente: “…a las máquinas de labranza, segadoras, trilladoras, aventadoras, mullidoras…, debe el labrador su manumisión del trabajo bestial y agotador, y a los liberales deben la redención del espíritu y los aires de la humanidad que respiran los hombres de las ínfimas clases: ellos hicieron a todos iguales ante la ley, abolieron los señoríos, terminaron con el tormento y la esclavitud. Gracias a sus predicaciones, los presidios y los manicomios ya no son antros infernales donde gimen, más que los delincuentes, los enfermos. Gracias a sus enseñanzas laicas, el niño va siendo tratado y educado como futuro hombre… Y así en todo. Y lo han hecho, las más de las veces, tirando piedras a su propio tejado, como el conde de Toreno (berciano, uno de cuyos descendientes sería el militar Gonzalo Queipo de Llano, conspirador por la Segunda República primero y contra ella luego), que hizo cisco el suyo: en las Cortes de Cádiz trabajó para abolir los señoríos, y luego la plebe, a quien había hecho libre, le apedreó y le asaltó la casa…”
Por otra parte, como se diría en 1891, “los republicanos distaban de ser en el país tan nuevos como se pudiera creer. Los hubo ya en los tiempos de Carlos IV. A principios del año 1796 fraguóse en Madrid contra la monarquía una conjura que había de estallar el día 3 de febrero. Se la descubrió, se prendió á gran número de ciudadanos, se les formó causa y se condenó á muerte á seis de los conspiradores, que no eran gente indocta, sino hombres de carrera que se habían inspirado en los acontecimientos de la revolución de Francia. El objeto de la conspiración era trastornar el orden político de España, en sentido republicano. Después del complot de Madrid no se volvió á combatir la monarquía ni aun cuando los reyes abandonaron la patria y se pusieron mansa y humildemente á las órdenes de Bonaparte. Hubo conspiraciones republicanas el año 1821: en Málaga, en enero; en Barcelona, en julio; en Zaragoza, en agosto; las tres descubiertas antes de que estallaran”.  
Después del Trienio Liberal la represión sobre los liberales fue sañuda, y para defenderse ante ella surgieron sociedades como la de los Numantinos, la de los Amigos de la Constitución de León, o la de los Caballeros Comuneros Hijos de Padilla, la más arraigada en la provincia y con célula (torres las llamaban) en La Bañeza, a la que pertenecieron entre otros clérigos, y por ello fueron encarcelados en Astorga, los párrocos de Quintanilla de Somoza (José Falero Fajardo) y de Castrocontrigo, junto con el vicario del último lugar y el racionero de Miñambres.

(10) CUANDO EN 1933 EL SALVADOR PUDO TENER DOS TORRES



Del libro “LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA” (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas – Valduerna, Valdería, vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras de la provincia de 1808 a 1936), recientemente publicado en Ediciones del Lobo Sapiens por José Cabañas González.
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Fijaban los ediles el 1 de febrero de 1933 en 6 pesetas el jornal de un bracero en La Bañeza a los efectos de quintas (en 4 lo habían establecido para aquel término en Destriana en la sesión municipal del 22 de enero; el salario medio había sido en España de 4,27 pesetas por día ya en los años 1930 y 1931). A final de abril el ayuntamiento bañezano establecía los siguientes precios para el kilogramo de carne: ternera, con hueso, 3,20 pesetas, sin hueso 5,20; vaca, con hueso 2,70, sin hueso 3,80. Los de algunos productos en el mercado de Santa María del Páramo a finales de septiembre eran: 2,50 pesetas la docena de huevos, 4 ó 5 pesetas un  pollo, y 2,50 pesetas  un conejo. A la altura de 1943 los jornales en el campo no alcanzaban los veinte reales diarios (5 pesetas).  
Iglesia de El Salvador en los años treinta
En el mismo pleno se recibía informe del relojero de la ciudad Mario López de Robles sobre la necesaria reparación, y su coste, del reloj de El Salvador, “de una calidad insuperable”, y se acuerda pedir presupuesto a otros relojeros y decidir al respecto. Los dan en la siguiente sesión Eusebio Martín y Rafael del Riego Cuevas, y se opta por encargar al último el arreglo, cubriendo su maquinaria con una cabina de madera (que realizará el carpintero Mariano Medina Vega, habitual encargado de las reparaciones en la Casa Consistorial y en el templete de la música) para evitar sus desperfectos, que achacan algunos concejales (como Narciso Asensio Asensio, de la minoría socialista) “a manipulaciones de quienes van al templo a orar, o a los monaguillos…”. Se llega a barajar construir una nueva torre para ubicar el reloj (que es propiedad del ayuntamiento). Rafael del Riego no aceptará después las condiciones de pago en tres plazos, se informa el día 22, y en el pleno del 1 de marzo se adjudica a Eusebio Martín la compostura “por ser más económico y garantizar el arreglo por un año”. Poco después se rechaza reparar por cuenta del consistorio dos o tres escalones en la torre de la iglesia (según proponía el relojero, que además de arreglarlo se ocupa de subir –con gran peligro, dice- a dar cuerda al reloj) por no tratarse de un edificio público, y se concluye que de ello se han de ocupar los dueños del templo parroquial.

jueves, 17 de octubre de 2013

Recuerdos de lecturas y conferencias en iglesias


José Cruz Cabo
Cuando yo inicié mi trabajo en Gráficas Rafael, que estaba entonces en la Plaza Mayor, como pertenecía a  Acción Católica desde niño, la Rama de los hombres de Acción Católica, acordaron que como la misa era en latín, en la misa de nueve y media de la mañana, que era la de Acción Católica los domingos, se leyera el Evangelio en castellano, y no se les ocurrió mejor cosa, que decirme a mí que, desde los bancos de Acción Católica, que eran los más cercanos al altar, leyera todos los domingos el Evangelio en castellano en voz alta, y hasta que marché a la mili en el año cincuenta y dos, tuve que leer el Evangelio todos los domingos en dicha misa, en castellano.
El primer año, después del Concilio Vaticano Segundo, que la iglesia española, pasó los oficios de Semana Santa de la mañana, se celebraban sobre las diez, a la tarde, y la misa dejó de celebrarse en latín, pasaron las iglesias de estar un par de docenas de personas en los mismos, a llenarse las dos parroquias completamente, los hombres de Acción Católica, pensaron que había que leer el Evangelio completo, entre tres personas, Luis Santos de Mata, Enrique Alonso Sors y yo, pero a la hora de dar comienzo a la misa del lavatorio de pies del Jueves Santo, Luis Santos me dijo que no podía leerlo, porque tenía que estar con la Cofradía Sacramental y Enrique Alonso subió a la iglesia de El Salvador, llamado por D. Rogelio, a leer el evangelio, por lo que me dejaron solo. Le pregunto a Don Fracisco Viloria, esa maravilla de sacerdote que tuvimos como párroco de Santa María, “Don Francisco, ahora qué hago con la lectura del Evangelio, ya que me han dejado solo”. Don Francisco me dice, “bueno para que nadie se quede sin oirlo bien, te subes al púlpito y desde allí lo lees”. Los nervios comenzaron a salir, pero yo subí al púlpìto y cuando llegó la hora de leer el Evangelio, temblándome las piernas, lo leí completo y resultó espectacular que un seglar leyera desde el púlpito. Ya casado, en los años cincuenta y sesenta, tuve que hablar en los pueblos de la comarca, unas veces para promover la creación de Acción Católica en los pueblos de nuestra zona, y en otras ocasiones en las campañas sobre el seminario, para promover las vocaciones sacerdotales, o realizar colectas para cubrir las necesidades económicas, ya que entonces había muchos niños que estudiaban con becas. Me tocaron durante varios años pueblos de la zona. El primero que visité fue Camarzana de Tera, donde me dijeron que iría con otros dos, pero lo cierto es que cuando llegamos a Camarzana, los otros dos siguieron hasta Santacroya, y a mí me dejaron solo en Camarzana, por lo que tuve que dar dos charlas por la mañana y otras dos por la tarde, ya que hasta el oscurecer no  llegaron a buscarme. En Robledo de la Valduerna me dijeron que tenía que hacer un comentario sobre el Evangelio de ese domingo, yo había preparado lo del seminario como me habían dicho días antes, y resultó que el Evangelio de ese día era la festividad del Espíritu Santo, yo me lancé ha hablar sobre Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, y me arme tal lío, que al final de la misa me dice mi tío Rafael, “vaya lio que te armaste con el Espíritu Santo, temí que lo metieras en el infierno, pero al final saliste bien del tema”. Fueron unos cuantos años recorriendo pueblos de la comarca, para hablar de Acción Católica o del Seminario, que yo conocía por dentro, por haber estado un curso en los Operarios de Salamanca.
También colaboré cuando se iniciaron los cursillos prematrimoniales, durante casi diez años, hasta que dejaron de llamarme, tenía una charla sobre como debía ser un matrimonio para que durase, y eso solo se puede hacer con la colaboración de los dos conyugues, Pero recuerdo que un día al finalizar la charla, cuando salíamos, se acercó un sacerdote, apellidado Arrojo, que estaba en Salamanca y había venido a ver a la familia, y me saludó y me dijo, “Nunca había escuchado una charla sobre el matrimonio tan buena, tan sencilla y tan sensata”. Los tiempos cambian, las personas pasamos, y otros ocupan nuestros lugares, pero mi colaboración con la Iglesia y su doctrina, ha sido y sigue siendo, a través de Radio Astorga, donde llevo ya cuarenta y ocho años de corresponsal en La Bañeza, totalmente desinteresada, entregada y solidaria. Solo siento que los cincuenta y cinco años, entregados a El Adelanto, primero y Adelanto Bañezano después, fuera tan desagradecida y tan poco apreciada al final, pero no me arrepiento de nada, ya que me siento recompensado con la ayuda prestada, cuando me lo pidieron.   

viernes, 11 de octubre de 2013

30 años de historia importante de La Bañeza


José Cruz Cabo
Cuando escribí el artículo sobre el libro de Antonio Odón Alonso Ramos, “Atrapar lo efímero”, no podía saber la importancia que este libro tendría, para comprender los treinta años que recoge sobre la historia de nuestra ciudad, ya que solo al leer los casi doscientos artículos de cada uno de los cuadros que el libro recoge, pude ir dándome cuenta de que este magnífico libro con los carteles de Toño, es un canto a la historia de esos treinta años que Antonio Odon, supo magistralmente explicarnos, de las muchas cosas que en la ciudad fueron aconteciendo. 
En este magnífico libro, esplendidamente editado por la editorial bañezana Monte Riego, y costeado por la gran generosidad de la Fundación Conrado Blanco, está reflejada toda la historia de esos treinta años, con sucesos muy importantes para La Bañeza, que los que ahora vivimos y los que vengan detrás de nosotros, necesitamos saber y recordar, porque han sido fundamentales para conocer cómo las cultura de todo tipo, ha tenido cabida entre nosotros, ha ido puliendo y modernizando el pensamiento y la acción, de los que hemos estado en ellos, mejorando la ciudad, haciéndo la mas culta y más participativa, más generosa y más fuerte, consiguiendo unas metas que sean el soporte de los que nos sustituyan, para que sigan el camino emprendido y fortalezcan la cultura de todo tipo, como se ha hecho hasta aquí, para que salgan gentes que sepan cultivar lo que se ha conseguido y continuen el camino que, en estos treinta años les hemos puesto delante, con este importantísimo libro, que refleja todo lo que en estos años se ha hecho, que ha sido mucho más tras   cendental de lo que a algunos puede parecerle.
Creo que este libro de Antonio Odón Alonso se debe leer y mirar con mucho detenimiento, porque en él están reflejados muchos y muy importantes actos y efemérides que han hecho que nuestra ciudad sea hoy una ciudad moderna, solidaria, culta, alegre, participativa y sobre todo vaya encarando el porvenir con confianza y seguridad, dentro de unos tiempos tan duros, pero al mismo tiempo tan dispuestos ha seguir fortaleciendo todas las virtudes comunitarias, y seguir buscando la forma de continuar por el camino del progreso, de la cultura y la modernidad.
La verdad es que gracias al ingenio, el dibujo, la enorme capacidad de trabajo y del buen hacer de Toño Odon, han quedado reflejados en este impresionante libro, lo que ha sido La Bañeza durante estos últimos treinta años. Gracias a Toño y a todos los que han escrito sobre los carteles de Antonio Odon Alonso Ramos.  

martes, 1 de octubre de 2013

Una gran novela que no deja indiferente


José Cruz Cabo
La Editorial Bañezana Monte Riego Ediciones, ha tenido la valentía de editar una novela de un escritor para nosotros novel, que tiene un gran interés y está muy bien construida, de un artista de Benavente, que ahora se ha pasado del pincel a la escritura. José Carlos Guerra, escribió esta novela bajo el título: “Cuando los perros ladran a la luna”, finalista del Premio Emilio Alarcos, fallado en Oviedo hace unos meses, y que ahora ha salido a la luz, en la bañezana Editorial Monte Riego.
José Carlos Guerra, es un pintor de gran valía, que ahora, como el dice: “Lo que no puedo expresar por medio del color, he de hacerlo con la palabra, la poesía o las letras” . Y no pudo tener mejor idea que escribir y publicar esta magnífica novela, que no deja a nadie indiferente, ya que tiene interés, está muy bien estructurada para que el lector siga la narración con gran interés y sin que le canse. Además para los lectores bañezanos, tiene un gran aliciente, ya que en bastantes ocasiones, de los distintos capítulos, se habla del mercado de La Bañeza y entre estas citas se pone la de que “En un día en el Mercado de los sábados en La Bañeza, se aprende más que en la Universidad de Salamanca”. La novela comienza antes de la guerra civil en los mercados de La Bañeza, Benavente y Astorga, después el protagonista tiene que huir de Benavente, hay unas referencias a la Guerra en Benavente con la llegada de los mineros asturianos y, luego se centra en Madrid, ya finalizada la contienda española, y nos introduce en el Madrid del espionaje y las delaciones, y nos cuenta los problemas que tienen los que la perdieron, y no son del bando azul. Entre medias, hay batidas de la policía de seguridad, en la capital de España, y nos va relatando cómo se las arreglaban los de izquierdas para no ser detenidos, en medio hay un gran amor, así como la ilusión de un padre minero de Cistierna, por encontrarse con su hija que hace años que no ve. En fin que esta estupendísima novela de José Carlos Guerra, tiene todos los ingredientes para satisfacer las emociones de cualquier buen aficionado a la lectura y, desde luego, yo la recomiendo con gran satisfacción. “Cuando los perros ladran a la luna”, es una novela muy bien escrita, tiene interés, y deja al lector con un gran sabor de boca, y además aprende mucho con ella de nuestra pasada historia.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Un libro que hará historia en la ciudad


José Cruz Cabo
No cabe duda que la Fundación Conrado Blanco, ha vuelto a dar en la diana de la historia local, al editar el libro con 185, de los carteles que nuestro gran artista local, Antonio Odón Alonso Ramos, ha realizado para tantos actos ciudadanos, de todas las clases y estilos. Además estos 185 carteles, llevan todos ellos, un artículo cada uno, firmado por distintos escritores, que hacen que estos carteles tengan vida propia y que sean un gran legado histórico con el paso del tiempo. 
La edición del mismo, bajo el título “Atrapar lo Efímero”realizada por la Editorial Bañezana, Monte Riego, con una calidad y precisión maravillosa, hacen todavía más importante el libro, para que sea un legado histórico de nuestra ciudad, con el paso del tiempo.
Además, como todo lo que hace la Fundación Conrado Blanco, el libro se regala, no se vende, por lo que los interesados en la historia de nuestra ciudad, tienen la facilidad de hacerse con él, leerlo con detenimiento y además conservarlo para las próximas generaciones, con lo que muchos de los nombres que firman este impresionante libro, tampoco serán olvidados con el paso del tiempo. 
Porque los carteles abarcan muchos de los actos celebrados en La Bañeza, desde el año 1981 hasta el 2012, actos de todo tipo, que se han realizado en la ciudad a lo largo de estos años, como son los carnavales, sigue con los conciertos de la charra y las coplas del carnaval, el libro visiones del Carnaval  que salió del Congreso nacional del Carnaval que se celebró en nuestra ciudad en el 2006, carteles para los monólogos del carnaval celebrados en la ciudad, así como para los pasacalles de la Escuela de Música Odón Alonso y las Coplas de la Peña de La Sardina.
En el capítulo tres se exponen unos cuantos carteles de nuestras fiestas patronales, realizados por este impresionante y polifacético artista como es nuestro gran convecino y amigo Toño Odón.
En el capítulo cuarto están los carteles realizados para las ferias de alfarería y la Agroalimentaria, el Premio de Velocidad motorista “Ciudad de La Bañeza”. para la Alubiada y las jornadas de exaltación del Cerdo, que realiza la Cofradía de San Antón,
El capítulo quinto es un compendio de actos de tema literario, como exposiciones, el acto de Poesía para vencejos. el concurso de cuentos que hizo varios años el semanario local, cuando se hacía en Gráficas Nino, para los actos del Centenario de La Bañeza como ciudad,  Las exposiciones del Museo de la Platería en la Vía de la Plata, para los cursos Universitarios celebrados en la ciudad por la Universidad de León, los encuentros a la luz de la farola, para distintas exposicioones de pintura, fotografía y dibujo, para Las Jornadas de Cultura y territorio, para el centenario del edificio de nuestro ayuntamiento, alguno del Verano Total, para los diez años de La Bañeza hoy, la presentación de libros y actuaciones de artistas que tienen que ver con la ciudad. 
En el capítulo seis, están reflejados los carteles que Toño ha realizado para ensalzar nuestra semana santa. El capítulo siete está dedicado a los encuentros con la música y a otros actos musicales que se hicieron aquí, tanto en la Plaza Obispo Alcolea, como en nuestro teatro, así como los de órgano en la iglesia de Santa María, o en cafés y zonas de la ciudad.
Los capítulos siete  y ocho están  dedicados a los cantautores y conciertos importantes. En el capítulo nueve van los dedicados a actos sociales, como las jornadas de salud, la manifestación del ferrocarril, a la residencia de Castrotierra y a diversos actos deportivos, a campañas comerciales, a jornadas socio sanitarias, contra la violencia de género, y a la reivindicación de la carretera León Braganza.  El décimo, a diversos actos teatrales y el último, a figuras importantes que vivieron en nuestra ciudad, como José Luis Baeza, Servando Juárez, Antonio Palau, Juan de Ferreras, Eugenio Prieto  Ferrero, Conrado Blanco González. a los Hermanos Holandeses que fundaron la residencia Nuestra Señora del Valle, Pedro Rodríguez Martínez, el Padre Miguélez, Manuel Fernández Núñez, Paco Rubio, como cocinero mayor y Odón Alonso González.
En el epílogo, una pequeña biografía de Antonio Odón Alonso, que pone fin a este maravilloso e importantísimo libro sobre la historia de treinta años de La Bañeza. Gracias Conrado por Editarlo en tu findación y Gracias Toño Odón, por estos maravillosos carteles tuyos, que ya son historia importante de nuestra y tuya ciudad.

lunes, 23 de septiembre de 2013

(9) LOS LÓPEZ-NÚÑEZ VILLABRILLE DE LA BAÑEZA.


Desde 1895 funcionaba una Colonia Escolar Leonesa en la capital provincial (se mantuvo hasta 1935), solo “para niños pobres elegidos entre los de las escuelas municipales de la capital y algunos del resto de la provincia” aquel año. La del siguiente, organizada por Ramón Pallarés Nomdedeu y Alfredo López-Núñez Villabrille (colaborador en prensa masónica y tal vez masón como su hermano Augusto, “Clotaldo”, director del primer El Diario de León, “periódico de la mañana”, entre 1886 y 1888; el menor de los 9 hijos del bañezano Deogracias López Villabrille, procurador de los Tribunales) entre otros, y atendida por los maestros Benito Blanco Fernández y María del Carmen Álvarez García, fue mixta en cuanto a las clases sociales que acoge: colonos pudientes (uno) y menesterosos (infancia de las clases desvalidas), y por separado de niños (29) y de niñas (11, una de pago). Parte el 1 de agosto para la playa de Salinas (Asturias) y regresa a León el 31. Asistió un niño desde La Bañeza, el mismo que ya lo había hecho el año anterior, Eliseo del Egido García, de 13 años, y cuyo infarto submaxilar derecho (todos los niños asistentes lo padecen) se encuentra a la vuelta notablemente disminuido. Era presidente de la Colonia Escolar Manuel Diz Bercedoniz, Ingeniero Jefe de Obras Públicas de la Diputación leonesa (y futuro constructor del Puente de Requejo unos años después), quien había dispuesto la participación “de un colono de cada Partido Judicial, de familia pobre, de entre 9 y 12 años, que sepa leer y escribir, y que necesite los baños de mar por su constitución enfermiza, débil o linfática”. Más de la mitad de lo que costó realizarla (3.959 pesetas) se sufragó por suscripción popular. 
Otro de los vástagos del bañezano Deogracias, además del citado Augusto y de Alfonso (cesados ambos de sus empleos públicos en León en 1886 con el cambio de color político operado en el Gobierno, decía el diario El Campeón), fue Álvaro López-Núñez Villabrille, maestro que colaboró en la creación del Instituto Nacional de Previsión, del que formó parte desde 1908. Integrante también de su predecesor Instituto de Reformas Sociales desde 1904, y enviado por tres veces por la Junta de Ampliación de Estudios a congresos internacionales de carácter social, una experiencia que aportaría cuando se creyó conveniente implantar la previsión en las escuelas, para que los niños se acostumbraran a ella y al ahorro, lo que se hizo creando en julio de 1911 las Mutualidades Escolares, declaradas obligatorias para todas las escuelas públicas en 1919, con la finalidad de fomentar el ahorro, constituir dotes infantiles y formar pensiones de retiro. El dinero recaudado se ingresaba en entidades de ahorro. A finales de 1928 existían en España 6.394 mutualidades de este tipo, con 390.034 mutualistas, y unos fondos de casi 17 millones de pesetas. Con igual filosofía y destino de sus beneficios se establecieron a la vez los Cotos Escolares (apícolas, forestales, agrícolas, conejeros,…) en las zonas rurales en su inicio. Álvaro, cofundador del Grupo de la Democracia Cristiana en 1918, católico social, periodista y escritor, fundador de periódicos y publicaciones católicas, académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y promotor de la asistencia y los seguros sociales, sería asesinado a los 71 años junto con Esther, la más joven de sus seis hijos, víctima de la represión republicana incontrolada, en las tapias del Cementerio del Este de Madrid el 29 de septiembre de 1936, después de ser sacados de la checa de Fomento.

(8) CUANDO LAS MISIONES PEDAGÓGICAS VISITARON LA BAÑEZA


El Teatro y Coro del Pueblo, junto al Museo Circulante, fueron en los años republicanos los mejores auxiliares de las Misiones Pedagógicas en las poblaciones que ellas visitaban. Su Patronato había propuesto el 24 de julio de 1933 a la alcaldía bañezana traer aquel Museo del 12 al 19 de agosto, y solicitaba local y medios para su instalación, cediéndose el salón del consistorio (que sufraga los gastos) y encargando al Consejo local de Primera Enseñanza organizar la exposición. El 11 de agosto comunicaba el Patronato que retrasaría su instalación en unos días por desplazarse antes a Galicia. El retraso tornaría en suspensión de la visita pues la gira por Galicia se alargó hasta finales de diciembre, y es al final de este periplo cuando las Misiones recalan en Astorga y San Román y Nistal de la Vega, para finalizarlo en Val de San Lorenzo.
Aquel Museo recorrió después otras geografías, y no se terció mostrar sus pinturas en los lugares antaño suspendidos hasta el verano de 1935. En La Bañeza preveía permanecer del 10 al 16 de agosto, aunque se quedó hasta el día 18 (“se ocupó de su vigilancia Lucas Mantecón, y se le pagaron por ello tres jornales”), después de que la corporación acordara el día 7 “rogar al Patronato de las Misiones Pedagógicas amplíe la estancia de su Museo Circulante de Arte hasta el día 18 inclusive, por alcanzar hasta esa fecha las fiestas patronales de la ciudad”, prosiguiendo en Valencia de Don Juan del 18 al 23, en una gira iniciada a mitad de julio en Ponferrada y que cerraba en Riaño a mediados de septiembre, en una ruta descendente ahora del Bierzo a la Meseta. Finalizado aquel recorrido, el Patronato remitía el 16 de octubre al ayuntamiento bañezano una colección de fotografías pictóricas (realizadas para las Escuelas Normales de Maestros) que se expondrán unas en las dependencias de la Casa Consistorial y en las escuelas otras. 
Los cuadros se colgaban en el lugar más apropiado, normalmente el salón de actos del ayuntamiento (como se hizo en La Bañeza) o en alguna escuela, cubriendo las paredes con sábanas, para que se vieran mejor, con música clásica de fondo y macetas con plantas y flores en la sala, disponiéndose horarios de visita matutinos y de tarde que se combinaban con charlas instructivas sobre las pinturas y su historia y con sesiones dedicadas a los niños, a los que se facilitaba materiales de dibujo (algunos habrá que aun lo recuerden). Antes de irse, los misioneros solían dejar en el lugar el gramófono y la colección de discos que hasta allí habían transportado, y también una biblioteca de unos cien libros para que los adultos y los niños siguieran aprendiendo. Dos bibliotecas ya habían donado las Misiones Pedagógicas a La Bañeza en 1931, a la Agrupación Socialista una, y otra a la escuela (esta será expurgada después que se desate la vorágine de julio de 1936).

(7) DE VILLEGOS A CIUDADANOS POR LA GENEROSIDAD DE UN PRÓCER BAÑEZANO.


Durante la segunda mitad del siglo XIX La Bañeza, con su natural empuje y con el aporte del esfuerzo y las rentas de sus comarcanos, afianzaba las bases para lo que iba a ser el gran desarrollo demográfico y económico del XX, uno de cuyos anticipados jalones fue la concesión en enero de 1895 del título de ciudad por la reina regente María Cristina, en nombre de su hijo Alfonso XIII, como aprecio y premio por el progreso ya obtenido gracias a la agricultura y el comercio (los bañezanos Juan de Mata y Matías Casado aparecían en 1865 entre los 25 comerciantes mayores contribuyentes de la provincia; Eleuterio García como el 10º por industria) de una tierra tan rica en cultivos variados y generosa en materias primas, que habían propiciado el desarrollo de importantes actividades artesanales que la convirtieron ya desde el siglo XV en centro de producción y cantera de virtuosos del cuero, el lino o la lana, lo que explica que ya en el XVIII (a la altura de 1788) se creara la “Sociedad Económica de Amigos del País de La Bañeza”, con el objetivo de “promover la agricultura, perfeccionar las artes mecánicas, aumentar el comercio y establecer fábricas de géneros propios de las abundantes materias primas de esta provincia…”. 
Cabecera de mapa de la provincia de León de 1870, dedicado al Ilmo. Sr. D. Gabriel Fernández de Cadórniga
De la consecución de algunas de aquellas finalidades derivaría la existencia ya en 1781 de otra “Sociedad Económica, Caritativa y Política que por Real Cédula de S.M. se ha erigido en la villa de La Bañeza para la instrucción cristiana, socorro de los verdaderos pobres, y fomento de la industria”, en la portada de cuyos Estatutos destaca el escudo que representa a un niño faenando en la urdimbre de un telar bajo el lema “aprendo y soy socorrido”, en alusión al tradicional arte local del tejido de lienzos, importante actividad junto con otras como las del tintado y curtido de pieles, practicadas en sus abundantes tenerías (en el Padrón general bañezano de 1830 figuraban 31 tejedores y 5 curtidores). 
Fue artífice de aquella agraciada concesión real del fin de siglo al lugar que lo haría su Hijo Predilecto el prócer Gabriel Fernández Cadórniga, nacido en 1830 en La Bañeza, a cuyo distrito representó como diputado en Cortes en varias legislaturas (también lo fue por Astorga, Valencia de Don Juan, Motril y Azcaráz), además de cómo periodista colaborar y dirigir El Español, órgano del liberal Partido Moderado, ser senador por la provincia leonesa en otras, y ocupar cargos de relieve, como director general de la Administración Local, subsecretario de Gobernación, vocal del Real Consejo de Sanidad, gobernador civil de Pamplona y Valencia, y director general de Prisiones con el ministro Francisco Romero Robledo, inaugurando entonces, en 1884, la cárcel Modelo de Madrid. Una merced que la reina otorga a la villa a cambio y después de que el ilustre bañezano rechazara la adjudicación de un título nobiliario para sí, prefiriendo favorecer a la localidad de sus orígenes con las ventajas que el estatus de ciudad aparejaba de ser exentos sus moradores de algunos aranceles y tributos (según se nos manifestaba por algunos de sus descendientes en la que aún es en La Bañeza casona familiar de aquel linaje, requisada, por cierto, por los alzados de 1936 a los herederos (republicanos moderados) del antiguo benefactor, que dejaría a su fallecimiento en Madrid en 1900 un legado de 75.000 pesetas para el Hospital bañezano de la Vera Cruz). 

(6) CUANDO LA BAÑEZA PREFIRIÓ AL GENERAL ESPARTERO.


En 1868, los liberales demócratas y republicanos protagonizaron la revolución gloriosa, la septembrina, obligando a Isabel II a abandonar España (la soberana había tenido antes la estrambótica ocurrencia –de la que la hicieron desistir los generales O’ Donnell y Serrano, sus amantes- de salvar de su derrumbe a la muy cuestionada monarquía presentándose a las elecciones generales como candidata a la presidencia del gobierno). Las nuevas Cortes, elegidas por sufragio universal, promulgaron una Constitución democrática, aunque monárquica, la más liberal de las habidas hasta entonces y a la vanguardia de las europeas del momento, y en ellas el ayuntamiento de Santa María del Páramo y algunos otros pedían en abril de 1869 la abolición del impuesto personal y que se sustituya por otra contribución más equitativa y justa.
Francisco Romero Robledo, de joven y con uniforme de la Milicia Nacional. Se le conoció por su dandismo, como “el pollo de Antequera”.
El trono permanecía vacante y urgía encontrar un monarca que lo ocupara (se descartada, por unanimidad, la dinastía borbónica), y tras diferentes opciones fue escogido en noviembre de 1870 como rey el italiano Amadeo de Saboya (el Círculo Democrático de La Bañeza, como los de otros lugares de la provincia, había preferido al general Espartero).
Importantes núcleos de republicanismo se daban en todas las provincias, y en numerosas poblaciones leonesas había pequeños grupúsculos republicanos. En La Bañeza (junto con León y Astorga un foco clásico del republicanismo leonés) llegó a formarse un grupo cuantioso, hasta el punto de existir, ya proclamada la Primera República y abolida la milicia obligatoria, un Batallón de Voluntarios de la República (Voluntarios de la Libertad se había llamado antes la milicia ciudadana surgida al abrigo revolucionario de la Gloriosa y con pretensiones de instauración republicana) al que para mayor realce y vistosidad acompañaba en sus desfiles la Banda de Música, después de que en 1868 desde la Junta de León, que disolvió la Diputación y el ayuntamiento, suprimió el impuesto de consumos y expulsó a los jesuitas, se creara, al igual que en las restantes localidades provinciales de importancia y en algunos pueblos, la Junta Revolucionaria bañezana, no tan radical a lo que parece como la de Hospital de Órbigo, que trasladó al domingo el mercado de los viernes. Por cierto que aquellos centros radicales y republicanos de La Bañeza y de los demás lugares y los casinos y periódicos democráticos y federales fueron cerrados precisamente, producida la restauración de la monarquía alfonsina en 1875, por Francisco Romero Robledo, entonces ministro de la Gobernación y diputado bañezano.